La Mulata de Córdoba

Música, letras, décimas y poesía de Son Jarocho Tradicional. Para estudio del grupo musical "La Mulata de Córdoba" y amigos del son en general

15/5/20

El Perro

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* Arcadio Hidalgo y Mono Blanco


El Perro 
Arcadio Hidalgo y Mono Blanco




Pensando en mi suerte santa de mi fortuna me quejo
De mi fortuna me quejo pensando en mi suerte santa (Bis)

Quisiera volverme planta para no morir de viejo
Para no morir de viejo, porque la muerte me espanta (Bis)

Ay Soledad soledad, soledad de las piedritas
Cada vez que vengo a verte siempre te encuentro solita (Bis)

Ay zape, zarape, zape,  zarape, zape,  zarape si
Siempre que te vengo a ver, te has olvidado de mí

Nadie de este mundo sabe lo que contiene el amor
Lo que contiene el amor nadie en este mundo sabe 
Tengo un recuerdo brillante de todo el tiempo pasado
De todo el tiempo pasado, tengo un recuerdo brillante 

Si abandona uno a su padre debiéndole un gran favor
Debiéndole un gran favor si abandona uno a su padre
No creas que se me ha olvidado que en la calle cuando amantes
Caminábamos abrazados con la pasión por delante

Ay Soledad Soledad, Soledad de la cañada
Ando en busca de mi perra que se me ha ido embramada
Soledad Soledad Soledad de mi querer
Por ti me han aborrecido por ti no me pueden ver  


Un perro rabia tenía cuando lo vi agonizante
Cuando lo vi agonizante un perro rabia tenía 
Aunque te ofrezcan los miles de pesos americanos
De pesos americanos aunque te ofrezcan los miles

Yo vengo todos los días y agonizo a cada instante
De rabia que es mi porfía porque ya no soy tú amante
Anda ve corriendo y dile que a otro como Arcadio Hidalgo
Que otro como Arcadio Hidalgo no lo hallan ni con candiles

Ay oliva y olivares del olivar de cupido
Líbreme de unos amores que me maltratan seguido
Ariles y bien ariles ariles del barlovento
Cada vez que vengo a verte siempre te encuentro contento



Al pie de una carretera me puse a pensar en ti
Me puse a pensar en ti al pie de una carretera
Cuando vine y no la hallé le di la comida a un perro
Le di la comida a un perro cuando vine y no la halle

Y tan solo me sentí que desee que me muriera
Pero era peor la manera y mejor me arrepentí
A un santo la encomendé porque todavía la quiero
Porque todavía la quiero la lloro y la lloraré

Ay Soledad de mi tierra Jesucristo de Orizaba
Que me mandan a la guerra por una mujer que amaba
Ay solita y soledad Soledad del horizonte
Ando en busca de mi perro que se me fue para el monte



Valía más querer a un perro con la cintura de olote
Con la cintura de olote valía más querer a un perro
Mi vida se ha vuelto un teatro tratando de conseguirte
Tratando de conseguirte mi vida se ha vuelto un teatro

Y no una ingrata mujer que tenga prieto el chayote
Que tenga prieto el chayote y no una ingrata mujer
Aunque sufro en tu maltrato lloro por no maldecirte
Lloro por no maldecirte cuando el reloj da las cuatro

Ay Soledad Soledad Soledad que así decía
Cada vez que vengo a verte siempre te encuentro María
Ay Soledad Soledad Jesucristo padecido
Hoy me mandan a la guerra porque no tengo otro nido




El Perro Andrés Vega


Cuando vine y no la hallé le di la comida al perro
Le di la comida al perro cuando vine y no la hallé (Bis)

A un santo la encomendé porque todavía la quiero
Porque todavía la quiero la lloro y la lloraré (Bis)

Ay soledad y soledad Soledad del horizonte
Ando en busca de mi perro que se me fue para el monte
Ay Soledad Soledad Jesucristo aparecido
Hoy me mandan a la guerra porque dormir en otro nido


Pensando en mi suerte santa de mi fortuna me quejo
De mi fortuna me quejo pensando en mi suerte santa (Bis)

Quisiera volverme planta para no morir de viejo
Para no morir de viejo, porque la muerte me espanta (Bis)

Ay Soledad Soledad Jesucristo de Orizaba
Hoy me mandan a la guerra por una mujer que amaba
Ay Soledad soledad, soledad que así decía

De noche te vengo a ver porque no puedo en el día








13/5/20

Leyendas de Veracruz

Menú:

* La Leyenda de Xallapan
* La leyenda de la mulata de Córdoba
* La Vaca de Don José Julián Rivera
* Nahuani y Ahuilizapan
* El callejón del diamante
* La Casa de la Condesa de Malibrán
* La cueva del encanto
* La sirena de Tamiahua, la Ninfa de la Huasteca
* La Tapacaminos
* La niña del ángel
* La Llorona
* El perro prieto
* El niño llorón
* La joya de monedas de oro y la sirena
* El Sambomono
* Danza de los negritos

Las leyendas de Veracruz

En México, existen mitos y leyendas que tienen décadas entre el pensamiento popular. Muchas de ellas tienen origen en la época de la colonización, algunas incluso antes, mezclando aspectos de la culturas indígenas con influencias de los españoles.

Veracruz no solo fue el primer asentamiento de los españoles sino también el punto de origen de la cultura más antigua de Mesoamérica, la Olmeca.


*  La Leyenda de Xallapan

Corría el año de 1500, mucho antes de la llegada de los españoles. En los primeros cuatro barrios de Xallapan, ya había caseríos de distintas razas que la rodeaban, como Coatepec, Xico, Xilotepec, entre otros. Los pueblos se unían por estrechas selváticas veredas que comunicaban las diversas lomadas.

En ese entonces, unos de los reyes aztecas mandó una expedición a conquistar gran parte de los reinos veracruzanos. A la llegada, los guerreros se asombraron de la gran variedad de pájaros de coloridos plumajes, que revoloteaban sobre un lago azul. Se acercaron más, como hechizados, y recibieron una gran sorpresa al ver que el agua se convertía en un jardín con hermosas flores que jamás habían visto. En su centro se encontraba una joven ataviada con un bello huipil, de quien provenían delicados perfumes. Ella los saludaba, dándoles la bienvenida y pidiéndoles que se acercaran.

Con temor y admiración, los aztecas accedieron al pedido de la doncella. La joven les advirtió enérgicamente que, a pesar del vasallaje, el lago y el jardín serían sitios en los que ella reinaría, protegiéndolos. También añadió, como profecía, que ese lugar sería el nacimiento de una gran cultura y una importante ciudad, custodiadas eternamente por el Citlaltépetl. Así fue como nació Xallapan.


*  La leyenda de la mulata de Córdoba

Esta leyenda tiene una parte verídica, ya que existe un expediente de este caso en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México. Data del siglo XVI, cuando la Santa Inquisición acusó de brujería a una mujer mulata. Se dice que en la ciudad de Córdoba vivía una bella mujer llamada Soledad, que daba la impresión de nunca envejecer. El rumor era que tenía un pacto con el diablo.

En realidad, Soledad era una gran herbolaria. Se dedicaba a curar todo tipo de enfermedades en su comunidad, favoreciendo la salud de quien buscaba su ayuda. Sin embargo, su belleza también provocaba envidia. De ella se sabía que era una mujer solitaria y un tanto huraña, que rechazaba abiertamente a pretendientes, fueran estos ricos o pobres. Uno de ellos fue Don Martín de Ocaña, alcalde de Córdoba quién, despechado, comenzó a hacer correr el rumor de que ella era una bruja y que le había dado un brebaje que justificaba su malsana pasión por ella.

Aunque muchas personas del pueblo le debían favores a la mulata, por el miedo de ir en contra de la religión católica y ser juzgados por la Santa Inquisición, cuando fueron interrogados por las autoridades eclesiásticas, muchos aseguraron que la escuchaban reír a media noche, que la vieron volar por encima de los tejados, y las muchachas decían que ella las buscaba para venderles pociones de amor y hechizos para amarrar al ser querido. La mujer hacía caso omiso a lo que se decía por ahí y seguía acudiendo a misa cada domingo.

La Inquisición la mandó a arrestar, acusándola de practicar hechicería. La mulata fue sentenciada a la hoguera y fue encerrada en la cárcel de San Juan de Ulúa.

Fue ahí en donde ella, valiéndose de la belleza que le había traído tanta desgracia, convenció al jefe de los carceleros de llevarle un poco de carbón, para que pudiera entretenerse dibujando en las paredes. Faltando un día para su ejecución, el jefe fue a verla y ella le mostró su último y más bello dibujo: un espléndido bergantín con sus velas hinchadas por el aire del mar.

-¿Qué te parece? preguntó ella al hombre, impresionando por el realismo con el que estaba plasmado. -¿Qué le falta a este barco?- le preguntó ella de nuevo. -Navegar mi señora, contestó subyugado. -Pues mira como navega- respondió la mulata y, ante el asombro del carcelero, saltó a la embarcación, se mezcló con el dibujo de la pared y el barco comenzó a alejarse hasta desaparecer para siempre. Minutos después, echando en falta a su jefe, bajaron otros guardias al calabozo, para encontrar que la presa ya no estaba y el carcelero había fallecido.

Dice la voz del pueblo que, a pesar de que ese día el puerto estuvo cerrado debido a una gran tormenta eléctrica, pudo verse como, más allá de las escolleras, se perfilaba la figura de un gran barco, entre la lluvia y el viento del norte, con rumbo a mar abierto.

*La Vaca de Don José Julián Rivera

Nos dijo entonces que, por esos rumbos, en la hacienda del Horcón, hay una vaca ligera que dicen que la regala su dueño, el hacendado don José Julián Rivera; pero es hoy día que nadie, ni siquiera el más diestro de los vaqueros, la ha podido agarrar. Unos dicen que es un fantasma, otros que una mujer embrujada, pero lo que es cierto es que ella sigue ahí, libre y causándole enojos al mentado don Julián, quien la padecerá hasta que se muera.

Y nos dice pues José Ángel que la historia empezó cuando, una noche, en los portales de Veracruz, Arcadio Amador (amigo personal del mencionado hacendado) vio a una mujer que le pareció conocida. En medio de la borrachera, se acercó al grupo de hombres que estaban acompañados de varias "malas" mujeres, (de esas que salen solas de noche) y reconoció en una de ellas el rostro de Inés Adriana, esposa de Julián. Aunque de una forma y color extraño, detalle por el cual culpaba a la cantidad de alcohol ingerido, a Arcadio no le cupo la menor duda de que se trataba de ella. Temprano a la mañana siguiente, se dirigió a la hacienda a confesarle a su amigo su hallazgo, pero éste no le quiso creer, arguyendo que, de noche, nadie sale de la hacienda, cerrada a cal y canto; mucho menos su  mujer a quien mantenía ahí encerrada desde que se la llevó a vivir con él. Al insistirle, José Julián accedió a que esa misma noche, escondido en el ropero, su amigo espiara a Inés Adriana y se cerciorara de que no saliera de su habitación.
Llegada la noche y como de costumbre, la sumisa esposa enviaba a dormir a su marido tras haberlo obsequiado con un té de su preparación, que lo pondría a dormir hasta el día siguiente. Entró a su cuarto, encendió el quinqué y, despreocupada, comenzó a desvestirse. Prenda por prenda, parsimoniosamente, la hermosa mujer fue quedando desnuda, mientras que tras una rendija del ropero, Arcadio Amador, inmóvil, presenciaba un espectáculo que no hubiera creído ni por todos los brujos de Catemaco juntos. Pero eso no fue todo. De pie y muy delicadamente, la mujer entonces comenzó, empezando por la punta de los dedos de los pies, a quitarse la piel; poco a poco, subiendo por las rodillas, siguiendo por las caderas, la espalda, el vientre, el pecho, los brazos y por último, la cabeza, la mujer fue quedando en carne viva, encendida. Con mucho cuidado dobló su piel y la colocó sobre el buró.
No repuesto aún por la impresión de semejante imagen, sufrió Arcadio una más al ver a la mujer súbitamente convertirse en Arbolaria. Ante sus ojos se hallaba la transformación de la bella mujer en enorme pájaro, que al batir sus alas emitía un sonido siniestro, inimaginable. La criatura entonces, saltó a través de la ventana y brincó de árbol en árbol (de ahí su nombre) hacia su noche de libertad, rumbo a los portales de Veracruz.
Aturdido, corrió Arcadio a despertar a su amigo y contarle las terribles imágenes que había presenciado. Viendo que éste se mantenía obstinado en no creerle, lo llevó a la habitación de su esposa y le mostró la prueba fehaciente: la piel, que ahi seguía, dobladita en el buró. Hinchado en rabia y sintiéndose intensamente traicionado, el hacendado gritó, manoteó y por último, ordenó a su amigo: "¡Vete a buscar a Bartoldo, Ataúlfo y Candelario. Les pides dos kilos de sal gruesa y que se vengan para acá inmediatamente!". De vuelta los cuatro, comenzaron a esparcir la sal por todo el interior de la piel, volviéndola a dejar nuevamente en su sitio. José Julián distribuyó entonces a los otros tres afuera de la habitación, fue por su rifle y su pistola, le dio a Arcadio una escopeta y, juntos, se escondieron nuevamente en el ropero.
De vuelta la susodicha, feliz y cansada por las candentes experiencias vividas esa noche, Inés Adriana se dispuso a meterse nuevamente en su piel, pero al primer contacto de la sal con su carne viva, ésta soltó un chillido agudo, inhumano, mientras se retorcía cambiando de imagen constantemente: mujer, arbolaria, mujer, arbolaria, una y otra vez. El infamado esposo salió del ropero y descargó su revólver sobre la mujer, pero ésta no se moría. Dispararon entonces los otros rifles, escopetas, sacaron cuchillos, machetes, palos, hasta el quinqué.... pero la criatura no sucumbía; al contrario, comenzó a sufrir otra transformación. Entre gritos, aleteos y contorsiones, la mujer adquirió la apariencia de una vaca quien, embravecida, se abrió paso hacia afuera. Hasta ahí la siguieron los cinco hombres, quienes tomando turnos, intentaron lazarla. Haciendo gala de gran destreza y siendo todos estupendos lazadores, arremetieron contra el animal, causándole a éste caídas, arrastradas, magulladuras y sufriendo infinidad de cuerdas reventadas. Incluso Arcadio y José Julián, ambos famosos en el rumbo por su habilidad con el lazo, sucumbieron ante la bravura del animal, quien por su parte, se divertía riendo, llegando incluso a atravesar a los hombres, cual vapor o neblina del monte.

Desde ese día, cientos de vaqueros, arrieros, lazadores, curiosos y uno que otro loco, han intentado, sin suerte, agarrar a la vaca de don Julián, que ahí sigue, apareciéndose de pronto a su marido para causarle enojos y otras, riendo feliz por su libertad adquirida.

*Nahuani y Ahuilizapan

De acuerdo a esta leyenda, en tiempos de los olmecas había una guerrera llamada Nahuani que tenía de fiel amiga a un águila llamada Ahuilizapan. En una batalla Nahuani quedó tan herida que murió. Ahuilizapan, triste por la pérdida de su amiga se elevó al cielo para luego dejarse caer en picada.

En el sitio donde cayó su cuerpo se formaría tiempo después el Pico de Orizaba, también conocido como Citlaltépetl. Se dice que cuando el volcán hace erupción es porque Ahuilizapan recuerda la muerte y se pone furiosa.

*  El callejón del diamante

En la Ciudad de Xalapa, capital del estado de Veracruz, se encuentra un callejón cuyo nombre real es Primera de Antonio María de Rivera, mejor conocido como el Callejón del diamante, donde hoy día existen restaurantes, cafeterías, artesanos y tiendas muy concurridas.

La leyenda dice que, durante la colonia, vivía en ese callejón una joven criolla de gran porte y hermosura, cuyo esposo era un rico caballero español, noble y distinguido. Él quería mucho a su esposa y, cuando le pidió matrimonio, le obsequió una sortija con un diamante negro. La gente, extrañada por la exótica joya, aseguraba que era mágico. El esposo, entre risa y broma, solía comentar que el anillo tenía el poder de intensificar el amor del marido y le concedía el don de descubrir la infidelidad de la amada.

El caballero tenía un socio al que quería como a un hermano. Quiso el destino que entre la dama y el socio surgiera una pasión prohibida. El marido tuvo que hacer un largo viaje a la Ciudad de México y ella aprovechó para ir a casa de su amante, donde olvidó el anillo en una mesa cerca de la cama. Cuando regresó el caballero, conforme se acercaba a Xalapa, tuvo una sensación extraña de incomodidad y desasosiego, decidiendo llegar primero con su amigo, a quién encontró en su alcoba durmiendo una siesta. Lo primero que vio fue el anillo de su esposa. Sin hacer ruido, lo tomó y se dirigió a su hogar, desconsolado y con el corazón roto.

Al llegar, se dirigió a la habitación matrimonial donde encontró a su mujer, que lo recibió con un abrazo. La tristeza que aquel hombre sentía se convirtió en rabia y, enloquecido de celos, desenvainó su puñal y lo clavó en el pecho de la mujer, matándola casi al instante. La levantó en brazos y la llevó hasta su cama, ahí le arrojó el anillo, salió de su casa y nunca más se supo de su paradero.

Al poco tiempo, los vecinos empezaron a contar que, algunas noches, era posible ver la silueta de una mujer que caminaba apresurada por la callejuela. A veces, solo escuchaban la voz femenina que pedía a su esposo que la perdonara y, cuando algún valiente salía para verla, la silueta se desvanecía inmediatamente.

*  La Casa de la Condesa de Malibrán

En el Veracruz amurallado, los porteños rumoraban acerca de las cosas extrañas que pasaban en la casa de una mujer extranjera, muy bella pero muy altiva.

Se sabía que era esposa de un conde de la corona española de apellido Malibrán y que viajaba continuamente. Sus vecinos decían que ella acostumbraba visitar muy seguido los arrabales para ver a una anciana que practicaba la brujería, desesperada porque no podía tener hijos.

Lo que en realidad asustaba a sus vecinos eran las escandalosas fiestas que organizaba en su mansión durante la ausencia de su esposo y que se prolongaban hasta el amanecer, momento en el cual la dama despedía a sus sirvientes para quedarse sola con un varonil acompañante, generalmente un marinero apuesto y joven, al que solía abordar en los muelles, a donde llegaban barcos de todas partes del mundo.

Lo peor era que se sabía que muchos de esos amantes de turno no volvían a sus barcos y nada se volvía a saber de ellos.

Un mal día para la condesa, su marido llegó sin avisar a nadie. Encontró a su mujer en su alcoba, muy bien acompañada. Enfurecido, se abalanzó sobre los infieles, matándolos con su espada. Uno de sus esclavos le dijo que lo ayudaría a deshacerse de los cuerpos, pero que antes debía contarle todo lo que él sabía sobre su esposa. Lo llevo a un foso que se situaba al fondo de su propiedad, el cual estaba lleno de lagartos. El asustado conde no daba crédito a todo lo que su sirviente le contaba.

A ese foso eran llevados los cuerpos de los amantes de una noche, que la condesa asesinaba al amanecer para no dejar huella de su infidelidad. Lo más horrible era que, antes de llevarlos ahí, los cuerpos eran desangrados y la sangre se usaba para que la condesa se bañara: era la receta de la bruja, para propiciar un embarazo y mantenerla joven y bella.

El conde ordenó arrojar los cuerpos de los amantes al foso. Apesadumbrado, el hombre perdió la cordura casi al instante y durante mucho tiempo se le vio caminando fuera de la casa gritando «¡Que muera la condesa de Malibrán!». La casa existe todavía, aunque en ruinas. Quienes viven cerca dicen que desde entonces y al pasar de varios siglos, se escuchan lamentos y quejidos, ruidos de arañazos en ventanas y puertas desde el interior de la propiedad y que, en ocasiones, se puede ver la silueta de una mujer riendo a carcajadas, que entra y sale por la puerta principal.

*  La cueva del encanto

El 24 de junio es el día de San Juan y, en muchos poblados de Veracruz es considerado “el día del encanto”. A lo largo del estado hay muchas cuevas que son honradas con flores, pero sutilmente vigiladas para impedir que la gente se introduzca en ellas en ese día. Esta leyenda no se puede ubicar en un solo lugar geográfico, porque se repite a lo largo de todo el estado y tiene como locación a muchas cuevas distintas.

Jacinto era el mejor herrero en su pueblo. Desde niño, se sentía atraído a la cueva, pero la piedra que cubría la entrada era muy pesada y solo conseguía mirar hacia adentro por una pequeña grieta. Aún así, él sentía que la cueva lo llamaba.

Un 24 de junio se decidió a ir y se encontró con que la cueva estaba abierta y la enorme piedra a un lado. Entusiasmado, quiso acabar con su curiosidad y, al entrar, grande fue su asombro al llegar a un gran salón bellamente adornado con miles de velas. Había mesas cubiertas de manteles y cristalería que le pareció muy fina.

Sobre cada una había espléndidas viandas, mejores que las que había visto en la casa de los ricos del pueblo. Además, la luz de las velas provocaba el destello de una cantidad infinita de monedas de oro y joyas con piedras preciosas, que rebozaban los grandes baúles al fondo del salón.

-¿Y si se tratara del escondite de los piratas que asolaban al Puerto de Veracruz?, pensó Jacinto. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un grupo de mujeres ricamente ataviadas que lo llevaron a una de las mesas, donde le sirvieron vino y manjares.

Embelesado, quería ver el rostro de las mujeres, oculto tras un velo y que a él se le antojaban bellísimas. Mientras devoraba la comida, vio la figura de un hombre alto y moreno vestido con ropa muy fina, que se acercaba a él. El imponente hombre finalmente tomó asiento a su lado y se presentó como propietario de la cueva.

Jacinto, al verlo, tuvo miedo y decidió marcharse. Sin embargo, el hombre misterioso no lo dejó ir, pidiéndole que primero terminara todo lo que había en su mesa. Además le hizo prometer que iba a regresar al tercer día. Finalmente, lo dejó ir.

Jacinto nomás llegar a la entrada corrió como alma que lleva el diablo. Al llegar a su pueblo, sus vecinos no podían creer que era él, pues desde hacía varios meses que lo habían dado por muerto. Así se dio cuenta que lo que él creyó eran un par de horas era, en realidad, todo un año. Aprovecho la atención del poblado entero para contarles las maravillas que sucedían en la misteriosa cueva.

Jacinto desapareció al llegar el tercer día de haber regresado. Sus vecinos lo encontraron muerto, atrapado entre la cueva y la piedra. Se dice que desde entonces, nadie ha podido mover la enorme roca; la gente cree que funciona como una entrada a otra dimensión. Así que estás avisado, si andas curioseando en alguna cueva y un lugareño te pide que no entres, más vale que no lo hagas, y recuerda esta leyenda, no vayas a ser el siguiente Jacinto…

*  La sirena de Tamiahua, la Ninfa de la Huasteca

Por años, las sirenas han sido seres míticos que normalmente suelen engañar a marinos para obtener algo a cambio. (Imagen ilustrativa) Foto: veracruz.mx

Hace muchos años, en Rancho Nuevo, un pueblo que existió entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, dentro del municipio de Tamiahua, vivían una viuda llamada Damacia, acompañada de su hermosa hija Irene, una joven de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra.

En una ocasión, durante un jueves santo, Irene había ido a traer leña por el rumbo de paso de piedras, un acto prohibido en esos días. Al retorno a su casa, la joven llegó sucia por el trabajo realizado, por lo que le dijo a su madre que tomaría un baño, su madre le contestó “no hija te condenarás, en estos días no debemos agarrar agua, mucho menos bañarnos”, pero Irene tomó un jabón y se fue rumbo al pozo a lavarse la cara. Minutos más tarde, su madre escuchó unos gritos de angustia. Era Irene quien gritaba pidiendo ayuda, de pronto sus gritos se convirtieron en lamentos.

Cuenta la leyenda que en medio del pozo se levantó una gigantesca ola y ella se convirtió en otro ser. Su boca se hizo de pez, sus ojos más grandes, su negra cabellera y su piel se tiñeron de rojo y sus piernas desaparecieron, formándose debajo de la cintura una cola de pez, babosa y con escamas.

La inmensa ola arrastró su cuerpo por el río rumbo al mar. Inmediatamente, los lugareños la siguieron en pequeñas lanchas hasta la laguna y cuando estaban a punto de alcanzarla se apareció un extraño barco de madera viejo, destrozado y feo. De pronto ella saltó hacia él, con una sonrisa burlona y cantos macabros que decían “peten ak, peten ak”, que significa giren, giren o circulen, en huasteco.

A partir de ese momento, Damacia, la mujer que se quedó viuda y sin su hija, y cada jueves santo se dirigía a la playa con la ilusión de volver a ver a su hija Irene.

Los pescadores cuentan que cuando oyen sus fúnebres cantos se alejan del lugar porque aquel que la vea sufre desgracias. La sirena se convierte en una rubia y hermosa mujer de dulce voz pero cuando los pescadores se acercan a contemplarla, un espectro voltea sus lanchas y se embravecen las olas del mar.

*  La Tapacaminos

En la carretera que va a Xalapa rumbo a Perote, a la altura del antiguo rastro de esta capital, cuando es de noche, ya muy tarde, y hay neblina o llueve, a los chóferes de los camiones o cualquier persona que vaya manejando sola un coche, se le aparece al borde de la carretera una muchacha muy guapa y arreglada, pidiendo aventón. Si no se lo dan, vuelve a aparecer más adelante, haciendo señas con las manos y con el cuerpo para que la recojan y la lleven a donde ella quiere ir.

Y todo aquel que no se lo da, se le aparece una calavera dentro de su vehículo en la parte de atrás, que el chófer puede ver por el espejo retrovisor.

Cuando el conductor aterrorizado voltea la cabeza aquella ya no está, y no se le ve por ningún lado. Muchos de los que han vivido la experiencia se van a confesar porque se les remueve el sentimiento de culpa, y creen que es algún castigo. otros piensan que se debe a que en esa carretera asustan y no es bueno manejar de noche, algunos más dicen que es una tentación y sirve como prueba, ya que aquellos que suben a sus autos a la «tapacaminos» son los que sufren los accidentes.

*  La niña del ángel

El origen de esta leyenda se remonta al año de 1908, cuando una pequeña de dos años murió mientras jugaba con unas velas. Los padres contrataron al escultor italiano Reinaldo Cuagnelli, para que realizará dos esculturas de mármol para la tumba de su hija, una de la pequeña de dos años, recostada, y otra de un ángel guardián que la cuidará con sus alas.

Las esculturas se encuentran en el cementerio municipal “Juan de la Luz Enríquez” junto con los restos de la niña Ana María Dolores Segura y Couto. Algunos dicen que en las noches se puede ver a los ojos del ángel brillar o a la niña paseando entre las tumbas.

*  La Llorona

La siguiente leyenda es tan antigua que ha sido atribuida a muchos lugares y cada uno tiene su versión. La leyenda de la llorona tiene diversas variantes, pero una de las más populares es la de una mujer indígena que se enamoró de un hombre español.

De esta relación nacieron tres hijos a quienes la mujer quería demasiado. Aunque ella le pidió al hombre que se casaran en varias ocasiones, él siempre le dio excusas para no hacerlo. Pasó el tiempo y el hombre se separó de la joven indígena para casarse con una mujer española de sociedad. La joven, destrozada por lo ocurrido, se volvió loca de dolor y asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río.

Luego de matarlos volvió en sí, y al darse cuenta de lo que había hecho se suicidó por la culpa. Desde entonces, se dice que se puede escuchar el llanto desgarrador de la mujer a las orillas de los ríos.

*  El perro prieto

Se cuenta que en Alvarado había un hombre que causaba destrozos por todos lados, robaba y molestaba a las mujeres. Las personas se hartaron y decidieron sacarlo del lugar, pero no le volvieron a ver.

Al poco tiempo de esto, una señora se topó con un perro al salir de sus compras que la miraba furioso y no la dejaba pasar. Al día siguiente cuando ella intentó darle de comer el perro la mordió. El perro continuó aterrorizando a las personas del lugar hasta que un día un hombre lo golpeó con un vara hasta dejarlo inconsciente en el suelo. Cuando la gente se acercó a verlo, el animal se paró y se arrancó la piel de la cara, revelando bajo esta al hombre que había estado causando destrozos tiempo atrás. Luego de esto el hombre huyó y nunca más se le volvió a ver.

*  El niño llorón

Esta historia está situada en la laguna de Ojo de Agua, en Orizaba. Se cuenta que un trabajador que pasaba por allí y escuchó el llanto de un niño, después de buscarlo lo encontró sentado al pie de la laguna.

El niño le dijo que estaba perdido y le pidió el favor de cargarlo hasta la iglesia de Potrerillo. El señor aceptó y el niño le dijo que no volteara a verlo hasta pasar la primera iglesia que encontraran.

Cuando se acercaban a la iglesia, el señor empezó a escuchar unos ruidos extraños y miró al niño; en vez del niño había un monstruo que reía horriblemente. El señor soltó el niño y entró a la iglesia asustado.

Se dice que cuando ese monstruo lograra entrar a una iglesia, la laguna de Ojo de Agua se desbordaría e inundaría a Orizaba, causando muerte y destrucción.

*  La joya de monedas de oro y la sirena

En Orizaba vivía un hombre muy rico con una gran casa. Como tenía tanto dinero, decidió enterrar una olla llena de monedas en un ojo de agua.

El hombre colocó la estatua de bronce de una sirena al lado de la olla para que la vigilara. Sin embargo, pasaron los años y el hombre murió sin haberle dicho a nadie sobre el tesoro.

Por ese motivo, cada 24 de junio a las 12:00 de la noche la sirena se convierte en carne y hueso y nada por el ojo de agua. Al amanecer, vuelve a convertirse en estatua a cuidar la olla de monedas que no ha sido descubierta.

*  El Sambomono

En Tres Zapotes vivía Juanito, un niño solitario, con su papá. Un día, otros niños descubrieron que a Juanito le había salido pelo por todo el cuerpo y una cola; empezaron a burlarse y a llamarlo ‘Juanito el oso’.

Juanito, enfadado, le contó a su padre que quería irse de allí para que nadie lo molestara nunca más.

Por lo tanto, Juanito decidió ir a vivir al monte, declarando que mataría a cualquier persona que se acercara. Le entregó a su papá un caracol de mar y le dijo que lo sonara cuando fuera a visitarlo para que Juanito supiera que era él.

Pronto empezaron a escucharse gritos en el monte; la gente empezó a desaparecer. Las personas creían que era un animal y lo llamaron Sambomono.

El padre, avergonzado, nunca dijo que era su hijo pero advirtió a la gente que si tenían que pasar por el monte, tocaran un caracol.

*  Danza de los negritos

En Papantla vivió una mujer africana esclava con su hijo. Un día, su hijo fue mordido por una serpiente y para salvarlo, ejecutó una ceremonia africana aplicada en esos casos; cantó, bailó y gritó alrededor del joven.

Unos indígenas totonacos observaron la actuación y como le gustaron los movimientos, decidieron imitarla y adaptarla a su propia cultura. Así fue como nació la danza de los negritos.

12/5/20

El Aguanieves


Menú:

*Andrés Vega

* Patricio Hidalgo y Afrojarocho
* Grupo Zacamandú
* Grupo Luna



Andrés Vega



Aguanieve sea a perdido
Su mamá lo está buscando
Quien lo ha visto por aquí,
Quien lo ha visto por aquí
Que aguanieve lloviznando.

Ya mi caballo no bebe
Porque el ánimo perdió
Antes que lo pierda yo
Antes que lo pierda yo
Cantaremos aguanieve.

Dices que me quieres mucho
Es mentira tu me engañas
En un corazón tan chico
En un corazón tan chico
No pueden entrar  dos almas.

Te brindo mi despedida
Porque así tiene que ser
Allá el tiempo les dirá
Allá el tiempo les dirá
El fin que yo he de tener




El Aguanieves 
Patricio Hidalgo y Afrojarocho



A mí me han dicho que el mar
Está lleno de trabajo
Que será el mar un atajo
Que será el mar un atajo
Para vivir, para amar
Para vivir, para amar

Tuve que volverme río
Para librarme del mar
Sin poderme imaginar
Sin poder imaginar
Que el mar es destino mío
Que el mar es destino mío

Yo tengo una mansa pena
Que ronda mi soledad
Que el puente siempre se queda
Que el puente siempre se queda
Y el agua siempre se va

Y el agua siempre se va


El Aguanieves Grupo Zacamandú



Los versos de El aguanieve
Se cantan sin compromiso:
Agua que del cielo llueve
Agua que del cielo llueve,
Que se convierte en granizo

Al cantar el agua niebla.
Aguadores, que sed traigo,
Dijo un infeliz soldado
Vale más ser apacible
Y no ser apasionado
Por ese amor imposible.

Aguanieve y aguaviento
Se fueron presentar:
Aguanieve quiere el viento
Aguanieve quiere viento
Para empezar a soplar.

Cuando mi caballo bebe
Mi morena echa un cantar:
-Bebe, caballito, bebe
Que está serena la mar
No ha caído l' agua niebla.

Aguanieve se ha perdido,
Su mamá lo busca y llora,
Y el aguanieve jodido
Se fue con una señora
Y lo llaman Juan Perdido.

Árboles lloran por lluvia
Y montañas por la nieve,
Así lloraron mis ojos
Así lloraron mis ojos
Al cantar El aguanieve.

Ya te digo adiós mi alma,
Que está cayendo el sereno:
Mañana por la mañana
Mañana por la mañana
Temprano platicaremos.


Aguanieves Zapateado Grupo Luna






















































11/5/20

El Trompo

Menú: 

* Grupo Zacamandú,
* Son de Madera, 
* Familia Utrera,
* Los Folkloristas,
* Soneros de Calamaní


El Trompo, Grupo Zacamandú





Señora por su animal anda el mío que se tropieza
Anda el mío que se tropieza señora por su animal (Bis)

Si se llegan a encontrar que ternura que belleza
Gusto que se van a dar de los pies a la cabeza (Bis)

Ay dale que dale, dale, ay dale que vele dando
Por falta de una pitita no anda mi trompo bailando 
Ay zape sarape zape sarape zape sarape uh
Este es el trompito viejo que cantan en Veracruz.

Ay lo tiraba y lo cogía y en la manita se le dormía
Lo cogía y lo tiraba y en la manita se le paraba 

Por ahí te mando mañana mi trompo rezumbador
mi trompo rezumbador por ahí te mando mañana (Bis)

Recíbelo con cariño que te lo manda mi amor
Por ahí te mando mañana mi trompo rezumbador (Bis)

Ay dale que dale, dale, que dale que dale ay sí
Por falta de una pitita no anda mi trompo bailando 
Ay dale que dale, dale que dale dale que dale ay no
Por falta de un mecatito no baila mi trompo ay no  
         

Dices que me quieres mucho es mentira tú me engañas
Es mentira tú me engañas dices que me quieres mucho (Bis)

En un corazón tan chico no pueden caber dos almas
Dices que me quieres mucho y es mentira tú me engañas (Bis)

Ay siquisirí quisi, ay siquisirí quisí
Este es el trompito viejo que estamos cantando aquí
Ay dale que dale dale, que dale dale que vele dando
Por falta de un cañamito no anda mi trompo bailando 

Yo soy como el armadillo que se la vive gozando
Que se la vive gozando yo soy como el armadillo (Bis) 

Pues darán con el portillo pero con la cueva cuando
Yo soy como el armadillo que se la vive gozando (Bis)

Ay dale que dale dale, que dale dale que vele dando
Por falta de un pitita no anda mi trompo bailando
Ay lo tiraba y lo cogía y en la manita se le dormía
Lo cogía y lo tiraba y en la manita se le paraba


El Trompo, Son de Madera




Al pie de un molino´e viento me puse a considerar
Me puse a considerar al pie de un molino’e viento (Bis)

Cuantas vueltas tiene el mundo y las que faltan por dar
Al pie de un molino’e viento me puse a considerar (Bis)

Ay dale que dale, dale, ay dale que dale dando
Nos dejaremos de ver, pero de querernos cuando
Ay dale que dale, dale, ay dale que dale si
Por falta de una pitita no bailo mi trompo aquí

Ay amor desde que el río te vio llorar mi partida
Te vio llorar mi partida ay amor desde que el río (Bis)

Tengo sin sueños la vida y el espíritu vacío
Ay amor desde que el río te vio llorar mi partida (Bis)

Ay dale que dale, dale, ay dale que dale dando
Nos dejaremos de ver, pero de querernos cuando
Ay dale que dale, dale, ay dale que dale si
Por falta de una pitita no bailo mi trompo aquí

En tu cintura de avispa, pierde la razón el río
Pierde la razón el río en tu cintura de avispa (Bis)

Mi cuerpo ya tiene chispa pero nunca me confío
Si te perdiera de vista me meto en tremendo lío (Bis)

Ay dale que dale, dale, ay dale que dale dando
Nos dejaremos de ver, pero de querernos cuando
Ay dale que dale, dale, ay dale que dale si
Por falta de una pitita no bailo mi trompo aquí



Familia Utrera El Trompo

Son Jarocho Tradicional - Región del Hato, Santiago Tuxtla





Señora por ser cordial y abajo de mi tristeza
Y  abajo de mi tristeza señora por ser cordial (Bis)

Mi trompo voy a tirar, lo lanzaré con certeza
La cinta voy a jalar y bailará de cabeza (Bis)

Ay dale que dale, dale, y ay dale que vele dando
Que ya traigo la pitita y anda mi trompo bailando
Ay dale que dale, dale, y ay dale que dale si
Por falta de una pitita  no baila mi trompo aquí


Con Utrera yo aprendí hacerme un trompo el mejor
Y a hacerme un trompo el mejor con Utrera yo aprendí (Bis)

Era ´e palo de Cabí ese si es re zumbador
Ese si es re zumbador como me gustan a mí (Bis)

Ay dale que dale, dale, y ay dale que estale dando
Que se me reventó la  pita mi trompo no anda bailando
Ay dale que dale, dale, y ay dale que dale duro
Por falta de una pitita bailar mi trompo no pudo



Los Folkloristas El Trompo
Grabación de 1993






Soneros del Calamaní El Trompo